Las primas en el fútbol, una corrupción socialmente consentida.

“Recibir una ayudita económica no está de más”. Este es el argumento que presenta la mayoría de futbolistas que pretenden conseguir un sobresueldo a base de que alguien ajeno al club para el que trabajan se lo proporcione. Por supuesto rápidamente dicen que es “sólo por ganar, que nunca cogerían dinero por perder”. Sin embargo este simple razonamiento encubre una corrupción que, pese a lo evidente, nunca es criticada. Al no serlo cualquier futbolista se “deja querer” cuando le conviene soltando estas palabras bajo cualquier pretexto. Desenmarañemos un poco esta mentira tan consentida.
Para empezar hay que dejar claro que “comprar partidos” es un delito, tanto si pagas para que ganen como si pagas para que pierdan . Con esta premisa legal y moral observemos que cuando los jugadores comienzan con este tipo de declaraciones es porque tienen por delante un partido de liga, es decir un sistema en el que se juega todos contra todos. En la liga, a diferencia de otros tipos de competición como la copa, es tan importante que uno gane como que los demás rivales pierdan. De esta manera si yo no gano pero los que compiten en la misma franja de la tabla tampoco ganan se puede decir que no ha pasado nada. Es decir, perder ya no es perder.
Viendo esto es fácil que se den casos en los que sea tan importante que yo gane como que el otro no lo haga. Entonces, si deseo ganar ilícitamente en una competición de liga, lo que debo de hacer es, además de preocuparme algo de ganar los partidos que me corresponden, procurar que mis rivales directos pierdan los que jueguen. Conclusión, pago a terceros equipos para que se incrementen las posibilidades de que mis equipos rivales pierdan.
Pero esto sólo es una primera instancia de la corrupción. Cuando el sistema está institucionalizado (cosa que el asentimiento popular y mediático parece indicar) llegamos a un segundo nivel. Los futbolistas de terceros equipos, que después de verse y ver la misma situación infinidad de veces, ya se han acostumbrado a recibir un dinero “extra” para ganar en determinados momentos y entonces pueden fácilmente negarse a ganar aunque les sea fácil hacerlo si no les llega este dinero extra. Total recibirán el mismo sueldo de su club, y si alguien ajeno a su club no le ofrece otro ingreso pueden dejarse ganar con toda tranquilidad ya que no hay ninguna presión detrás. Además así se recuerda que ellos no “cumplirán con su trabajo” si otras personas ajenas no les premian este “esfuerzo”.

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No sólo las musas inspiran, también hay dueños de gimnasios que lo hacen.

Fue poco rato, pero me resultó el suficiente como para darme cuenta de que una persona me recordaba a otra. Tenía los mismos ojos pequeños y la misma mirada codiciosa que el dueño del un gimnasio al que iba. Hacía tiempo que me había olvidado de él pero volver a encontrarme con esa mirada en otra persona me lo trajo de nuevo a la cabeza.
La historia comienza cuando me inscribí en un gimnasio, que es el que regentaba y regenta el que yo llamo “el censor” (dentro de poco explicaré el mote). Desde luego ya hace tiempo que me he dado cuenta de que los datos personales son algo muy importante y no se deben ir soltando por ahí alegremente. Así pues para la inscripción sólo di correcto el número de la cuenta corriente y poco más. No creo que necesitasen ninguna otra cosa. La relación es comercial, si pago el resto no es de su incumbencia. Más adelante pude comprobar lo acertado de mi decisión.
Esta primera parte fue con la “secretaria”, en seguida me encontré al "censor" que entusiastamente se ofreció para hacerme descubrir los secretos de la vida en un gimnasio. Pasados los primeros instantes de descripción comencé a ir por las mañanas a hacer los ejercicios. Las mañanas tienden a ser lugares tranquilos en los gimnasios. La gente que hace sus rutinas por las mañanas suele ir muy temprano (antes de trabajar, estudiar, etc.) y lo único que suele quedar a media mañana es alguna ama de casa y poco más.
El "censor" sabe que uno de los peligros de la gente nueva es que queden “olvidados” de todo el mundo y la monotonía de los ejercicios unida a la soledad termine desembocando en que abandonen el gimnasio. Por eso él procura hablar todos los días especialmente con la gente nueva o la gente que ve que no está integrada en algún grupo. Desde luego si se va al gimnasio con un grupo de amigos esto crea un marco de referencia. Los ejercicios se hacen más llevaderos, el gimnasio se convierte en un lugar de reunión y todo esto redunda en que el número de gente inscrita sea mayor. Por lo tanto más dinero, que es lo que le cuenta.
Siguiendo este patrón de comportamiento (que seguramente lleva años ejerciendo) en cuanto llegué se me tendía a aparecer con el pretexto de cualquier comentario estúpido. Lo que sucede es que yo no entro dentro de los parámetros habituales de la gente que frecuenta los gimnasios. Ni es un sitio en el que suela buscar amistades, ni mi motivación sale del mismo sitio del que la consigue mucha gente. Así pues cada vez que se me acercaba sólo me venía a molestar.
Las primeras veces intenté ser amable y resolver el problema lo antes posible pero sin olvidar que cuando una persona tiene la consideración de dirigirse a uno cuando menos merece un momento de atención. Una vez salvado esto el lema para este caso era “tú por tu lado y yo por el mío”.
Aparte de usar su sistema de comentarios para lo que dije, a él mismo le servía también para quedarse ancho. Ya se sabe que una de las mejores formas de olvidarse de uno mismo es dedicarse a hablar todo el rato. De esta manera las mañanas en las que no había nada que hacer, salvo sentarse a contemplar su redil, se entretenía con un poco de cotorreo. Sin que nadie le preguntase me vino a comentar como indagaba la verdadera edad de la gente que se inscribía en su gimnasio. Por lo visto había algunas personas, especialmente chicas, que daban una edad incorrecta (comparadas conmigo que daba casi todo falso, unos angelitos) y esto parecía motivar la perspicacia del "censor" porque (según él mismo me dijo) se ponía en contacto con un “amigo” que tenía en el ayuntamiento para que le facilitase los datos correctos. Una vez los conseguía se los iba a restregar por la cara a la chica de turno. Uno de sus esquemas preferidos era del tipo “Buenos días y feliz cumpleaños”. A lo que la chica de turno quedaba atónita porque le había dado una fecha de nacimiento falsa y en cambio le estaba felicitando el día correcto. Es obvio que conforme a ley de protección de datos es ilegal lo que estaba haciendo, pero también es evidente que mientras que alguien se sienta impune tenderá a campar a sus anchas.
Todo esto, por supuesto, ha salido de boca del propio "censor" sin que ni siquiera le preguntase nada. Es algo así como el ladrón que necesita contar sus hazañas porque si quedan en el olvido ya no es alguien. Desde ese momento dejé de referirme a él con el nombre de una persona y en mi mundo pasó a llamarse “el censor”. Cuando me refiero a alguien por un mote despectivo suele ser porque no le creo merecedor de llamarse como una persona normal. ¿Cómo va a llamarse por ejemplo Juanito, que es un miserable, igual que ese Juan que es un persona de verdad?. En el d.n.i. puede ser que se llamen igual pero la realidad no la dan los carnets, la dan las personas.
Pese a que procuraba evitarlo, el "censor" siguió manteniendo este tipo de charlas conmigo o delante de mí. Evidentemente si hay cuatro personas en el gimnasio y yo estoy haciendo unos ejercicios en una máquina no voy a salir corriendo para no escuchar la conversación que está manteniendo el "censor" con unos incautos que lo soportan a tres metros de mí. De esta suerte me tocaba aguantarlo muchos días.
Entre “las charlas” se encontraban algunas en las que hacía ostentación del dinero que ganaba al mes. Según él, en torno a los veinte kilos de las antiguas pesetas. Evidentemente pensaba que con eso lo respetarían y lo apreciarían más. En mi escala de valores se sumergía cada vez más en el fango.
Recuerdo esa forma de andar que tenía en la que un paticorto panzudo estiraba el cuello para mostrar una mirada ávida y codiciosa. Es curioso como la personalidad y el ánimo de alguien puede irradiarse al resto del cuerpo. En el caso del "censor" su ánimo se reflejaba en un sinfín de gestos. Era una especie de basura móvil que ensuciaba el aire por el que pasaba dejando una estela de hedor.
Su gozo residía en acumular dinero (la única forma de valía que entiende), y a esto dedicaba la mayor parte de sus esfuerzos día tras día. Una especie de hormiguita codiciosa que va construyendo su hormiguero uniendo pequeños trocitos. Todos los días levantándose para adular, para mejorar un poco más su redil, para conseguir algo más de dinero.
La hipocresía era su medio de vida. Unida a una sonrisa perenne de comerciante (que él mismo se había insertado sabedor de la importancia de la imagen) era capaz de replicarte, siempre en su beneficio, con los argumentos más absurdos. Siempre tenía en su mente una especie de lucha constante y diaria por mantenerse y mejorarse en el trono que él mismo se había creado. Recuerdo cuando le pregunté por unas manchas de humedad, su respuesta fue que estaban originadas por el sudor que había en el ambiente. Evidentemente en un gimnasio tiende a haber condensación pero no hasta el punto de formar perfectas manchas de humedad en una esquina. Lo que sucede es que encima de las plantas bajas suele haber amplias terrazas que con el tiempo inevitablemente tienen filtraciones de agua y los vecinos en estos casos tienden a hacerse los tontos porque piensan que el problema no les afecta. Seguramente este era el caso y el "censor" debió de valorar que hasta ese momento no le compensaba meterse a juicios por ese asunto. No obstante te lo negaba si se lo preguntabas.
Otro caso semejante fue cuando decidió colocar una especie de gigantescos rollos “tipo papel higiénico”. La idea es lógica porque la gente va a sudar a esos sitios y, aparte de beneficiarles a ellos, siempre va en beneficio de las máquinas que se les limpie el sudor. Lo que ocurría es que, como puede ser esperable, los usuarios se creían con el derecho a usar grandes cantidades de papel (supondrían que iba incluido en la cuota) lo que no le gustó nada al "censor". La solución que encontró a ese problema iba a tono iba acorde con la hipocresía que presidía su vida (ya se dice que la hipocresía es educación.). Llegó a poner encima de los tornos notas que venían a decir algo parecido a: “Ayuda a conservar el medioambiente, ahorra papel”. Si la nota fuese honesta debería de haber puesto algo así como esto: “Malditos cerdos, estoy cansado de cambiar los rollos de papel y de gastarme un dinero porque a vosotros os da la gana. A partir de ahora procurad gastar el mínimo que sea necesario. Lo justo para mantener mis máquinas limpias de vuestro asqueroso sudor y para sentiros que se os mima aunque en realidad me importe un bledo todo lo que no tenga que ver con la cuota que pagáis”.
Otro detalle gracioso era la forma de instruirte en los ejercicios. Empleaba un tono como si tuviese conocimientos cuando lo que realmente hacía es utilizar cuatro tonterías que cualquier idiota puede aprender en una tarde. Encima tenía el valor de contar que iba a cursos para tratar de mejorarse como monitor. Lo cierto es que no era nada más que un ignorante integral, tanto en cuestiones de ejercicio físico como en el resto de los ámbitos de la vida. La pose hace mucho y es lo que utilizaba para sustentarse.
Estoy convencido de que si él mismo fuese consciente durante cinco minutos de lo que verdaderamente es tendría tal repugnancia que no le sería soportable seguir viviendo.
Seguro que Dickens cuando creó muchos de sus personajes de gente miserable pensó en alguien parecido al "censor". Porque para eso es para lo que sirve gente como el "censor", para ilustrar a los demás. Recuerdo que en la película “La fuga de Alcatraz” había un personaje de un anciano que se dedicaba a pintar. Cuando el resto de presos le preguntaba por lo que estaba pintando sorprendidos se encontraron que era un retrato del alcaide (el alcaide en esa película era un ser completamente ruin que se encargaba de fastidiar sin ninguna necesidad todo lo que podía la vida a los reclusos). El pobre autor respondía sinceramente que era su musa. Y era cierto, porque aunque pareciese que pintar un retrato de alguien es elogiarlo realmente era la mejor forma de mostrar la miseria humana personificada.

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¿Qué sentido tiene cambiar de hora al "horario de invierno"?

Ahora que en España se ha consumado el cambio de hora a lo que llaman el “horario de invierno” tengo que admitir que desde luego no está mal puesta esa denominación porque, al menos para mí, el invierno empieza ese mismo día.
Cuando era niño pensaba que la idea era buena ya que según decían era para el “ahorro energético”. Con el tiempo lo único que veo es que para lo que realmente sirve es para fastidiar. ¿El motivo?, no lo sé, ¿complot?, ¿aumentar el consumo para favorecer a las grandes empresas?...
Lo que realmente sucede es que amanece sobre las ocho de la mañana y acaba anocheciendo hacia las siete de la tarde. Entiendo que está bien que haya luz por la mañana, pero al menos en este país hay más gente despierta a las siete de la tarde que a las ocho de la mañana. Resultado: que no se ve el ahorro por ninguna parte. Lo que acaba sucediendo es que, en vez de vivir de día, te ves obligado a salir a la calle y al poco de la comida del medio día ya es de noche.

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El coche fantástico y el anuncio de colgate como fomentadores de personas pasivas y dependientes

Continuando el tema de cómo la sociedad hace que creamos en los valores que a ella le convienen intentaré describir una forma en que se educa veladamente a sus individuos para que aprendan a ser pasivos. Como ya había dicho en otra ocasión los argumentos de las series de televisión suelen responder a valores demandados en la sociedad, siendo indiferente que estos valores sean positivos o negativos. La audiencia, o lo que es lo mismo el beneficio económico, tendrá mucho que ver con la capacidad de los guionistas de responder a estos valores demandados por los individuos de dicha sociedad. Utilizaré dos ejemplos para ilustrar este tema.
El primero es una serie de televisión que ha sido mundialmente conocida, “El coche fantástico” (Knight rider). Que escoja este caso se debe fundamentalmente a la gran difusión que tuvo. Cuando menos las personas que sean algo mayores tendrán conocimiento de en qué consistió esta serie.
Dicho rápidamente el coche fantástico se basa en la historia de un personaje (Michael Knight) que agradecido a una fundación caritativa por salvar su vida decide enrolarse en esta fundación para hacer las obras justas que ellos consideran pertinentes. Que el protagonista tenga una connotación de héroe puede considerarse como algo relativamente común. No olvidemos que en realidad todo el mundo adora a los héroes aunque muy pocos están dispuestos a serlo. Lo llamativo es que junto al protagonista principal aparece otro que está prácticamente a su misma altura y que no es otra cosa que una máquina. Una máquina, el coche fantástico, que es tan agradable que llega a estar humanizada hasta niveles ridículos y se encarga de ayudar al “héroe” en todo lo fundamental que suele necesitar para que la vida le sea cómoda. Pero no sólo eso, además hace cosas extraordinarias con lo que los progresos técnicos encarnados en este coche adquieren dimensiones de omnipotencia.
Aunque Michael es el héroe el coche le resulta indispensable. No podría conseguir sus llamativos logros si la omnipotencia de la técnica no estuviese allí para ayudarlo. Y no sólo para ayudarlo, porque además el coche llega a hacer las funciones de un amigo ya que la máquina cumple incluso las funciones de una persona. Lo que es muy destacado es la pasividad en la que queda el personaje humano ya que el coche puede hacer casi de todo sólo con que su dueño tenga el sueño de que suceda (y si no puede ya lo llevarán al taller móvil para añadirle más funciones). En este sentido la conclusión es la misma, el hombre queda en una postura pasiva esperando a que los prodigios de la técnica vengan en su ayuda.
Este esquema de hacernos pasivos frente a la técnica quedó repetido (al menos en España) en un anuncio que la pasta de dientes Colgate repitió hasta la saciedad. El mensaje central del anuncio se basaba en que la gente obtenía beneficio el resto del día porque una vez se hubiesen cepillado los dientes esta pasta dental “seguía trabajando”. El “está trabajando” quedaba repetido constantemente para que los espectadores asimilasen esa idea que era presentada tan atractivamente de que con un simple cepillado la técnica seguía ayudándolos sin necesidad de hacer ningún esfuerzo más. El ser humano queda de nuevo educado para adoptar una posición pasiva y dependiente.


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Hacer enemigos es bueno

El conflicto, que suele percibirse socialmente como algo negativo y a eludir, es, por el contrario, algo inherente a la condición humana. Heráclito cuando decía aquello de que “conviene saber que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia” también supo captar esta faceta del ser humano y comprender que la dimensión existencial del orden de cosas responde a un patrón similar. Por eso rehuir los conflictos necesarios no supone más que una renuncia a lo inevitable.
Aunque este abandono puede ser por muchos motivos, frecuentemente es motivado por negaciones. Conformismo, cobardía, etc… Hay una infinidad de caminos para negarse. También hay otra vías como las que utiliza habitualmente el poder establecido para legitimarse. Éste suele propugnar el argumento de que el conflicto es malo amparándose en lo repulsivo que resulta a primera vista y que por lo tanto debe de prevalecer la paz, es decir, el orden establecido. Lo que sucede en realidad es que lógicamente al poder no le interesa el conflicto porque le supone problemas en cuanto a perder el status que ha conseguido.
Dejando aparte otros orígenes bastardos de los conflictos (que desgraciadamente son los más habituales) éste está tan arraigado en la naturaleza humana que parece que si no existen el ser humano los busca. Esta es la explicación de que en tantos deportes se exprese una absurda y casi siempre no motivada rivalidad de una ciudad con su vecina. En este caso la persona necesita algo a lo que oponerse para poder afirmarse pero también este conflicto le pone en contacto con esta faceta de la esencia humana. El problema es que aquí lo hace de una forma espuria ya que los conflictos deben buscarse en las injusticias y no adjudicarse a cualquier cosa sin más motivo de que apetece tenerlo.
Aceptar el conflicto es algo sano que nos pone en contacto con nosotros mismos y nos impide asimilar el orden de cosas que el poder pretende imponer de forma silenciosa. Debemos evitar llevarnos bien con el poder mientras siga adoctrinándonos con las mentiras que le conviene. Podría decirse algo así como… “¿Por qué vamos a ser amigos si me engañas?. No, no quiero amistad en estas condiciones. Habrá enfrentamiento hasta que no deje de haber engaño.”
Este tema me ha vuelto a la cabeza después de ver un comentario aquí. El comentario no es mío pero me ha hecho sentir una sensación de liberación el ver que alguien dice algo que, pese a lo subterráneo del tema, creo que era más que evidente. Hace referencia a una crítica sobre Murakami por parte del autor de ese blog y de paso aprovecha para hablar de otro tema que podría describirse como anexo. Dice así el comentario: “Hermano, para ser breve: si te aburre Murakami, imaginate el espeso sopor -de noche o de día- que causais la llamada literatura after/marketing pop nocilla y todo eso. ¡Dios mio! Un poco de autocritica y menos autobombo. Que os estais pajilleando los unos a los otros todo el día: VILAS --> MORA--> PORTA ---> MALLO --> MALLO ---> MALLO ... “. Dejando aparte los lugares comunes y censurables en los que habitualmente suelen caer los críticos, este comentarista ha sabido ver una curiosa situación. Por una parte la de verse a uno mismo con manga ancha para despreciar el trabajo de los demás (sin ir más lejos Murakami o Saramago en la entrada del comentario) y por otra la defensa a ultranza del grupo de poder al que se pertenece. Llama pues la atención que en el blog de Mallo aparezcan tantas “críticas” de sus amistades (sin ir más lejos la entrada más reciente) pese a lo reacio que se ha declarado Mallo a contestar a las críticas. No las contesta, pero las usa y usa las que más le interesan. Ojeando un poco el blog de Vilas podemos empezar a sospechar lo “desinteresado” que puede estar su comentario cuando en la entrada anterior a su "crítica" ya se les ve juntos en la foto.

Nota: La imagen es un fragmento de la portada del disco de Backyard Babies “Making enemies is good”.

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Presentación de "Postpoesía" con Agustín Fernández Mallo. Su "falocentrismo" y su teoría del "impacto".

He asistido a la presentación del libro “Postpoesía” por parte de su autor, Agustín Fernández Mallo. Sin entrar a valorar su obra, que por otra parte confieso que apenas he leído, me creo con el derecho a exponer una opinión sobre un par de temas que allí se han expuesto ya que resulta evidente que hay aspectos que simplificados de este modo terminan haciéndose absurdos.
Comienzo por lo que denominaré “teoría del impacto” y que se refiere a lo que Mallo entiende por cosas que producen impacto. Aunque para hablar de algo lo primero es tener claras las definiciones (al modo de la exigencia socrática) lo cierto es que Agustín propugnó su propia idea de lo que es impacto pese a que también dijo que habría que discutir lo que se debe de entender por impacto. Utilizando la ilustración de la portada de su libro, en la que aparecen confrontados dos jugadores de fútbol, Mallo aprovecha para explicar su concepción del impacto. El impacto es para él algo que influye en mucha gente (por ejemplo el fútbol) por el camino que sea, con lo que, según él mismo citó, un libro que no llegue a un público de masas no produce impacto. En ese momento tuvo una réplica por parte de un director de cine que estimaba que lo que produce de verdad impacto es el libro y no un espectáculo deportivo. Mi opinión es la misma que la de este hombre que replicaba y la argumentación es muy simple. Un libro puede influir en la humanidad de las personas, mientras que el fútbol no. Agustín, en cambio, prefirió mantenerse en la idea de que si algo llega a más gente eso terminará teniendo una mayor “impacto”.
Otro punto es el llamado por Mallo “falocentrismo”, en el que pretende incluir a una supuesta serie de literatos empeñados en mantener la rigidez tradicional a costa de negar otros caminos distintos para la expresión poética. Bien, esto que pretende describir Mallo es algo que pasa en todos gremios intelectuales y/o artísticos (viendo que forma parte de el esquema de "premios" quizás él mismo se lo podría aplicar también) y que él confunde. Una cosa es que los compañeros del gremio te marginen o te fastidien y otra distinta es pensar que lo que se queda en una estructura poética tradicional olvidando buscar otros caminos más inhabituales es ya “negativo” o “limitado”. Agustín, al igual que su presentador (José Vidal Valicourt), se empeñaron en remarcar que lo que se debe de expresar poéticamente tiene que ser capaz de englobar toda posibilidad porque eso refleja lo que es la sociedad hoy en día. Bien, en realidad, eso es lo que refleja “su visión” de lo que es hoy en día la poesía, pero su visión no significa que la de los demás vaya también por el mismo camino. Es evidente que ha caído en el viejo error de confundir lo que es su percepción de la realidad con lo que es la realidad en sí, pretendiendo que los demás asuman lo que él percibe como lo cierto.
Ni voy a dudar de lo genuino del esfuerzo de Agustín o del valor de su trabajo, pero hay errores graves que van más allá de lo que es tener una opinión u otra y que se podrían resumir en algunos de los errores típicos de los artistas. Justificar el estado de cosas mediante el sentimiento, hacerse un mundo conforme a ellas y luego demonizar al que no se ciñe a ese patrón. Este director, que educadamente estaba haciendo unas preguntas, ocasionó que Agustín terminase por disgustarse y cortase por lo sano denominándolo como “falocéntrico” y zanjando el tema cuando quiso sin realmente replicar con razones. La situación pudo con el escritor.

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Adolfo Vásquez Rocca relacionado con el plagio

De nuevo se repiten las acusaciones contra el Dr. Adolfo Vásquez Rocca, profesor universitario y doctor en Filosofía con postgrado en la complutense de Madrid, por parte de sus colegas respecto a su supuesta tendencia a apropiarse de textos de los demás y hacerlos pasar como suyos, o lo que es lo mismo a plagiar. La última de esta larga serie de acusaciones viene de parte de Nicolás González Varela, docente universitario en la UBA y actualmente residente en Sevilla. Nicolás González ha acusado al Dr. Vásquez Rocca de plagio al entender que un artículo que ha publicado en la revista espiral es una copia casi íntegra un artículo de su blog en el que avanza contenidos de los libros que tiene en preparación para publicar inminentemente sobre Heidegger.
La denuncia de Nicolás González no es la primera, ya han existido otras duras acusaciones por parte de José Luis Brea y Lucas Ospina que hace un año que señalaban como plagio el trabajo del Dr. Vásquez Rocca. De igual manera el prestigioso blog Arte Nuevo se hace también eco de lo que parecen ser burdos intentos del Dr. Vásquez Rocca para eludir las continuas acusaciones de copia fraudulenta.
Para el que hay tenido la posibilidad de conocer al Dr. Vásquez Rocca hay que decir que publica varios blogs y que en ellos resulta llamativo el formato que adopta ya que en casi todos los artículos aparecen constantemente fotos suyas y menciones a su cargo de Dr. aunque, paradójicamente, los escritos se refieran a otros pensadores que nada han tenido que ver en sus vidas con él salvo que el Dr. Rocca ha decidido hablar sobre ellos. ¿Es este otro rasgo de la megalomanía que hace del Dr. Rocca alguien propenso a no diferenciar lo que él hace de lo que hacen los demás y termine esto en lo que las acusaciones de plagio denuncian? No olvidemos que el mismo Vásquez sorprendentemente ha defendido lo lícito de hacer plagios bajo las excusas más descabelladas.

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Los personajes de ficción pueden servir para fomentar y justificar un sistema de valores

Detras de Bender, la figura de la serie de televisión “Futurama” representada a la izquierda, se esconde algo mucho menos inocente de lo que se pretende aparentar a primera vista. Y este caso no es una excepción ya que las características de personalidad que se le han otorgado a este ser de ficción corresponden a un perfil repetido en muchos otros personajes, preferentemente desde la década de los ochenta en películas o en series de televisión de producción norteamericana. El objetivo fundamental es presentar a un personaje con cualidades morales denigradas como lo contrario, algo realmente positivo e incluso elogiable.
El motivo fundamental es que el sistema necesita que cualidades morales reprobables como las que encarna este personaje sean percibidas como positivas para que de esta forma puedan ser asimiladas por los espectadores y así conformen con ello un orden de valores que pueda también ser confirmado por las demandas de la sociedad. Fácilmente se puede buscar un ejemplo que ilustre esto. Bender (entre otras cosas) es egoísta, codicioso y piensa sobre todo en sí mismo. Si estos valores se presentan sin enmascarar casi nadie se atrevería a denominarlos positivamente. Sin embargo, si a través de un personaje de ficción como éste esos valores se muestran con un trasfondo entrañable y, sobre todo, con la aquiescencia y justificación del resto de los personajes de la serie correspondiente, esos mismos valores pasan a percibirse como algo no tan negativo e incluso como algo elogiable. Se han hecho más agradables al espectador y por este camino éste fácilmente termina por admitirlos y justificarlos, sobre todo en sí mismo. Muy posiblemente no se dé ni cuenta, pero aún así la visión del mundo que se le ofrece termina influyendo en la concepción que tendrá de estos temas.
El sistema se sirve de agentes como los personajes de ficción para transmitir los valores que le son convenientes. Un sistema capitalista sustentado por la codicia y el lucro personal necesita que valores egoístas sean percibidos como agradables y/o naturales. Precisamente pretender que los espectadores lleguen a pensar que son naturales termina siendo el fin último y máximo grado de la “educación” del sistema. Cuando algo es asimilado como natural es porque no puede ser de otra forma y, por lo tanto, aquí se terminan sus cuestionamientos.
Se podría decir que en este aspecto el sistema se “vive a sí mismo” de forma parecida a como la vida busca su propia expansión dentro de sus cauces. Aunque es verdad que los guionistas son muy conscientes (y por lo tanto responsables) de las características y finalidades que les están confiriendo a estos personajes, lo hacen simplemente porque así el provecho económico les será mayor. Ya hay un círculo vicioso creado que se retroalimenta con este sistema de personajes. Éstos pueden aparecer porque hay un carácter social que los demanda y, al mismo tiempo, le imprimen una nueva fuerza procedente de su posición “educativa” encubierta. Ganan dinero a corto plazo al ofrecer el producto demandado por el carácter social dominante y a la vez siembran de nuevo esos valores para que más adelante consigan beneficios de la misma manera.

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Román Piña Valls otorga a José Vidal Valicourt su premio "cafè Món"

Hace poco ha sido otorgado el VI premio literario Cafè Món en beneficio de José Vidal Valicourt por su trabajo “El hombre que vio caer a Gilles Deleuze”. El premio consiste en la publicación de la obra presentada en la editorial Slopper. Hasta aquí podría pensarse que todo es normal pero, en realidad, no parece otra cosa más que una cortina de humo.
Si revisamos la noticia desde la propia web de la editorial Slopper veremos que el jurado ha consistido en Miguel Dalmau, Agustín Fernández Mallo, David Torres y Román Piña. Al menos de tres de estos cuatro individuos tengo conocimiento.
Román Piña Valls: Dirigente, por no decir propietario, de la propia editorial Slopper y amigo de amigos íntimos de José Vidal Valicourt. Una persona cuyo ego le precede en forma de autobombo. Sé con conocimiento de causa que Román no pierde la mínima ocasión para solicitar ávidamente que le hagan entrevistas a cuento de algún libro suyo o, si hace falta, sin ningún motivo especial. Simplemente porque él lo vale.
Agustín Fernández Mallo: (ganador de este premio en el año 2004) Es otro amigo íntimo de José Vidal Valicourt. Sin ir más lejos, hace pocas fechas, era el propio Valicourt el que hacía la introducción a la presentación del último libro de Mallo (a la que también asistió Román Piña) con lo que Agustín ya tiene la oportunidad de devolverle el “hoy por ti, mañana por mí.”.
David Torres: Que, entre otras cosas, casualmente también tiene libro recientemente publicado en la editorial Slopper.
Del otro individuo que aparece como miembro del jurado no tengo demasiado conocimiento, pero supongo que se podrá calcular qué tendencias pueden tener visto lo que hay alrededor y que están bajo la sombra del “gran jefe” Román. Digamos que a buen entendedor pocas palabras.
Simplemente con estos datos se podrá calcular que a ese supuesto premio no han debido de concurrir muchos trabajos y si se han presentado no han debido de tener demasiadas oportunidades. Oficialmente aparecen como finalistas: Mónica Sánchez con "La ciudad y sus curvas", José Vidal Valicourt con "El hombre que vio caer a Gilles Deleuze", María Eugenia Chuca con "Estrellas y otros cuentos", Pedro Andreu con "Barrio quemado" y Julián Ruiz-Bravo con "Lucio".
Algo privado que simplemente podría consistir en que una persona (Román) le hace un favor editando a una amistad suya (Valicourt) se transforma en algo cercano a la pantomima y a la burla a la inteligencia de los demás con el simple pretexto de la vanidad. Se podría pensar en el por qué de la necesidad de hacer estas cosas por este camino en lugar de por uno más simple y discreto. Viendo los manchados y las manchas de estas acciones podríamos pensar que existen motivaciones para satisfacer el ego de Valicourt, que ahora puede lucir un premio más en un curriculum que refrende sus méritos. Pero el jurado o la editorial implicada no parecen quedar a mejor nivel, no estaban obligados a participar en eso. Se mancharon porque ellos quisieron.

Nota: La persona de la foto es José Vidal Valicourt.

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¿Son estos tus ídolos?


Imagino que alguno pensará que se trata de un montaje, pues no. Y lo peor es que todavía hay una larga lista de jugadores (página 18 en adelante) de este representativo equipo de fútbol en idénticas circunstancias, es decir, enseñando esa bufanda o algo similar en apoyo de lo que aparentemente es un grupo de fans y, como ha quedado probado en una reciente sentencia, es en realidad la punta del iceberg de un movimiento fascista.Evidentemente esto no es cosa de un único club o ciudad, en el rival catalán ya pudimos ver a su capitán o a otros jugadores midiendo las palabras después de que su presidente pensase ingenuamente que acabaría con la violencia de un plumazo nada más alcanzar la presidencia. Con datos como estos sólo queda pensar que se trata de un fenómeno social extendido y consolidado producto de una sociedad deshumanizada.
Para empezar lo primero que habría que preguntarse es el “¿Por qué?” ¿Por qué un conocido jugador de fútbol apoya públicamente a un grupo ultraviolento claramente vinculado a movimientos fascistas? La razón parece obvia, miedo. Este grupo violento tenía el bastante poder como para generar el suficiente miedo entre estos personajes populares y relativamente poderosos (económicamente hablando) como para que se vean indefensos y arriesguen su reputación blandiendo enseñas como estas. Hay que entender también que el jugador es una víctima, pero no hay que obviar que también es un cómplice. Cómplice porque prestando su imagen (aunque haya sido seguramente bajo intimidación) avala la violencia, y cómplice porque él no estuvo obligado a pasar por esa situación. No lo hizo porque no le quedase otra forma de subsistir, lo hizo porque no le costaba gran cosa seguir la corriente a esta gente y así poder evitar las amenazas o algo peor.
Otra pregunta es el “¿Para qué?” ¿Para qué buscan estos sectores la aquiescencia de estos futbolistas? Primeramente, y como está dicho antes, para conseguir prestigio y legitimarse, pero también porque para ellos mismos supone la justificación de sus consignas por parte de sus ídolos. Cuando anulas tu personalidad sometiéndote a una causa mayor (algo que ya ha venido siendo el eje de los fascismos) necesitas la justificación/bendición de la causa. Como aquí la causa se expresa en el fútbol no podrían pensar en nadie mejor para que los bendijese que sus representantes, los jugadores o el propio presidente.
Una última pregunta (aunque se podrían hacer muchas más) sería el “¿Qué significa?” Fundamente significa la expansión de lo que representa la violencia. Si los espectáculos de masas son caldo de cultivo de movimientos totalitarios ya ni hablemos si los principales “actores” la legitiman de una forma más o menos encubierta. Eso se convierte en un amplificador de lo que busca la violencia, más violencia. Se podría decir que el esquema es paralelo al de la vida. Porque la vida, pareciendo que se vive a sí misma, también tiene como objetivo la multiplicación. A veces en cantidad (con el sexo), a veces en calidad (con el amor).

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John William Waterhouse: Miranda, The Tempest (1916)

Siempre he tenido debilidad por las representaciones de mujeres que miran al mar. Así que aprovecho este pretexto para poner aquí a "Miranda (The Tempest)", el cuadro de John William Waterhouse.

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¿Te consideras un misántropo?

¿Has pensado seriamente en suicidarte?

¿Qué nivel de odio llevas dentro?