La sociedad vive inmersa en la mentira absoluta.

-Derrida-

El absurdo de las presentaciones de libros

Presentación de libro
No puedo decir que haya asistido a demasiadas presentaciones de libros, pero creo que sí a las suficientes como poder extraer unas cuantas conclusiones. La principal de todas es que, en realidad, como evento carece de sentido. Lo la mayoría de las veces sucede es el mero hecho comercial de intentar vender o promocionar un libro unido al acto social, o la satisfacción narcisista de sentirse aplaudido por los demás.
Ortega y Gasset entendía que una clase magistral era aquella en la que el alumno, merced a la influencia del maestro, quedaba “afectado” de tal forma que no salía siendo la misma persona que había entrado a la clase. Jamás he visto nada de esto en la presentación de un libro y tampoco he visto motivos por los que debiera de darse una situación de esta clase. Es cierto que hay personas realmente influyentes que, estén donde estén, con su simple presencia pueden ejercer fascinación en los demás. Pero esto puede suceder igualmente en un aseo público, por la calle, o en cualquier otro lugar. No hay nada particularmente significativo en la presentación de un libro que lo promueva especialmente. Esta cualidad a la que me refiero sería algo similar a lo que ya Platón denominó como “conocimiento por contacto” para referirse al influjo de Sócrates sobre los demás. Obviamente nadie recibe ningún dato que no sea sensorial a base de tocar a otra persona. Lo que sí sucede es que alguien que ha alcanzado algún tipo de talla en cuanto a humanidad (Sócrates, por ejemplo) tiende a irradiarla con su simple presencia. Entonces el “conocimiento por contacto” que describía Platón no sería más que un contagio de la humanidad de otra persona merced a su proximidad. Cosa que hay que reconocer que sí tiene un grado de afectación para el sujeto paciente.
Descartando los casos excepcionales que acabo de citar, lo primero que llama la atención de las presentaciones es el que no suele haber turno de preguntas. Imagino que en parte se debe a un motivo justificado ya que, por ejemplo, hay personas que se dedican a “reventar” las presentaciones para conseguir, por medio de la polémica o por un camino similar, trasladar el centro de atención hacia sí mismos. También supongo que es más cómodo para el emisor que no haya receptores que puedan rebatirlo o, incluso, terminar por dejarlo en ridículo. Nos encontraríamos aquí con un “diálogo” orientado al “tener”, en lugar de estar orientado al “ser”. En el modo de tener los participantes están más interesados en que se les dé a ellos la razón que en conocer la verdad sobre el tema tratado; en el modo del ser los participantes están más preocupados por saber la verdad sobre el tema discutido y no tienen mayores problemas en desdecirse de sus palabras si alguien les hace ver que eran equivocadas. Generalmente pocas personas tienen la valentía de discutir en el modo del “ser”, fundamentalmente porque no soportan el bochorno de sentirse avergonzados ante los demás. Más todavía si tenemos en cuenta que en un acto público de estas características implícitamente se presupone que el que lo ofrece tiene algo importante que decir. En cualquier caso factores como los que he comentado acaban originando que la comunicación discurra en una única dirección, con lo que la productividad del acto ya queda inevitablemente mermada.
Es frecuente que la persona que presenta el libro vaya acompañada por otra que introduzca la exposición. Este segundo personaje (opcionalmente puede ser más de uno), que podría pensarse que está ahí para ofrecer algo más de lo que podría decir el implicado, no suele decir nada que el escritor de turno no sepa o pueda decir. Sorprendentemente su función no es la de aportar más datos, sino la prestigiar el acto y ofrecer una imagen de ecuanimidad y asentimiento general con lo que allí está pasando. Un apoyo, pero en el peor sentido de la palabra. Lógicamente resulta vital que este segundo personaje sea del mayor prestigio posible.
Además, lo que los escritores suelen decir sobre sus libros no suele ser nada excepcional que no se pueda conocer mediante la lectura del propio libro. En el mejor de los casos un puñado de anécdotas y poco más. Evidentemente si pensaron que tenían algo importante que decir ya lo pusieron en el libro, o se lo guardarán para otro. Cosa que frecuentemente deriva en el vicio de repetir lo que ya se está en el libro de turno.
La particularidad del hecho de escribir es que es algo completamente solitario. Es decir, uno escribe y está él y el texto. A diferencia de otras actividades culturales (teatro, música, etc…) no existe un público que permita el contacto directo. En el mejor de los casos se puede tener la satisfacción de saberse leído, pero no el mencionado contacto directo con los demás en el acto de la creación. A mi modo de ver esta soledad de la escritura es, generalmente de forma no confesada, algo que resulta insoportable a muchos escritores. Al mismo tiempo tenemos a la vanidad, tan frecuente en todos nosotros, que busca que el reconocimiento de los demás y a la que le resulta idóneo este contacto directo. Es por esto que extrañas fórmulas como la de la presentación de libros sirven para llenar estos vacíos aunque terminen siendo un “quiero y no puedo”.

8 comentarios:

Òscar Roig i Carrera dijo...

Estoy bastante de acuerdo contigo, pero creo que es más culpa de las editoriales que cada vez ejercen más presión para volver mediático a su autor y así, supuestamente, mejorar las ventas. Decía Pessoa (que seguro que nunca hubiera hecho ninguna presentación de sus libros) que la única introducción de un libro deberia ser la mente del que lo lee, podriamos decir lo mismo de las presentaciones de libros. Saludos!

Misántropo dijo...

Hola Òscar.

Fíjate en un detalle. Hasta lo que yo sé las presentaciones de libros suelen ser en círculos reducidos. Es cierto que alguien que no venda ningún libro podrá conseguir una cifra de ventas que, al menos, sea un poco significativa para él. Pero también hay escritores que venden muchos libros y que siguen participando en estas pequeñas presentaciones que, en cuanto a ventas, no les van a suponer nada.

Saludos.

Nicolas Romero dijo...

Hola señor Misantropo

Tu entrada es muy interesante, y despues de leerla me ha surgido una pregunta, o mas bien una serie de preguntas. No se si puedas responderlas, pero en todo caso, pienso compartirlas:

¿Desde cuando existen las presentaciones de libros? ¿tuvieron presentacion los libros de Moliere, Dumas, Cervantes, o Dante? O simplemente aparecieron en las librerias de un dia para otro...

En lo personal no creo que sea una ceremonia muy antigua ni obligatoria de todo escritor. No me imagino como hubiera sido la presentacion de los libros del Marques de Sade...

Saludos.

Cisne Gaseoso dijo...

Coincido con lo expuesto. A menos que uno vaya acompañado a esos lugares, resulta todo bastante soporífero y cansino. Personalmente, a la última presentación de libro que fui, terminé comiendo croquetitas y bebiendo un tinto en un balcón en el que dejaban fumar, mientras que el escritor era asaltado por una marabunta de amigos, periodistas, oportunistas y seres aborrecibles –vistos desde mi balconcito agreste.
Ya no voy a esos actos hace mucho, pero los frecuenté mucho en mi juventud. Sustancialmente, no acudo a ellos por lo que usted cuenta y porque me aburro, no encuentro el intercambio cultural real que añoro y vuelvo a casa igual que me fui.
Quiero y no puedo, dice usted.
Puedo y no quiero, digo yo.

Misántropo dijo...

Nicolás:

Es una pregunta bien pensada. Entre otras cosas porque al comparar lo que pasaba antes con la situación actual, se podría salir de cuentas sobre lo que significa este tipo de actos tan repetidos..

La verdad es que apenas sé algo sobre lo que pasaba antes. Es posible que, al no haber medios de comunicación dispuestos a amplificar lo que sucediese en la presentación de un libro, no hubiese demasiado interés por actos de esta clase.

Cisne:

Lo que a mí me hace mucha gracia es la importancia que tienen los aperitivos a la hora de presentar un libro. Entiendo que, hasta cierto punto, es un pretexto lógico para socializar a la gente. Pero me hace mucha gracia ver a escritores anunciado sus presentaciones de libros y diciendo en seguida que habrá algo "para picar" porque saben que es algo que atrae más a la gente que la propia charla. Sería más lógico, constructivo y valiente prescindir de "pinchos" y hacer que la gente interactuase en un diálogo con el escritor. Con el tema de los pinchos no se pasa de hacer de la reunión una fiesta de sociedad con grupos más o menos aislados.

Saludos para ambos.

Dizdira Zalakain dijo...

Yo nunca he ido a una "fiesta" de estas, pero cuando escucho por la radio o veo por la TV a alguien que ya he leído presentando un libro, me llama mucho la atención el abismo que hay entre el escritor que se mueve en sociedad y el que escribe. Muy frecuentemente me ocurre que quien me parecía un patán, un bobo y un ignorante por las estupideces, infantilidades y lugares comunes que escribe, me resulta un tipo seguro, ingenioso y triunfador cuando aparece en entrevistas, actos de sociedad, debates, etc. Y, viceversa, los pocos escritores vivos que admiro, me decepcionan cuando los escucho en una entrevista o los veo comportarse ante las cámaras como panolis.
Esto me lleva a la conclusión de que los actos sociales como las presentaciones de libros, lejos de suponer un añadido inútil y una perdida de tiempo, constituyen hoy la actividad fundamental de los escritores, la que realmente les da de comer, por la que son medidos y en la que deben mostrarse hábiles y seguros. Un escritor tímido, tartamudeante, gangoso y, en suma, sin habilidades sociales no tiene nada que hacer, por muy buen escritor que sea.
A la pregunta de Nicolás Romero, sobre si esto ha sido siempre así:
Cada época ha tenido sus mecanismos de promoción. En la época de Dumas, los literatos tenían que promocionarse en los salones de la burguesía y en los cafés de literatos. En la época de Carvantes, más bien había que saber moverse por los palacios y tener mecenas aristócratas.
Es decir, casi siempre la promoción en determinados círculos ha sido una condición necesaria no ya para el éxito, sino incluso para la publicación. Pero en el sistema actual, la promoción no sólo es necesaria, es suficiente. Una novela es 100% promoción: lo de dentro no importa, puede ser, y de hecho suele ser, la mayor basura.

Saludos.

Misántropo dijo...

Como se supone que la valía de un escritor está en lo que escribe, el resto de su persona no tiene por qué coincidir con la altura que haya podido alcanzar en sus libros. En cierto modo es como cuando se llega a ver la cara de un locutor de radio al que seguimos durante mucho tiempo. Fácilmente podremos salir decepcionados. Entre otras cosas porque la distancia fomenta la imaginación y, con ella, la tendencia a idealizar.

Es curioso. A mí me sucede al revés. La mayor parte de la gente me decepciona cuando la veo en persona. A.F.Mallo, por ejemplo, reúne varias de las cualidades que has mencionado (tímido, algo próximo a la tartamudez,...) En cambio acepta las presentaciones de libros y parece sobrevivir socialmente a ellas.

Algo similar a lo que le has respondido a Nicolás lo estaba pensado yo. No estaba seguro de que ahí estuviesen los únicos modos de promoción. De ser así, que supongo que lo es, creo que hace todavía más evidentes las verdaderas motivaciones que intentaba reflejar en el artículo.

Gracias y saludos.

La frontera entre China y París dijo...

Simplemente vanidad o marketing. Dadas las fechas podemos recordar "El tunel" de Sábato en donde el protagonista odiaba asistir a las inauguraciones de las exposiciones de arte. Es algo parecido. O eso me parece.
Saludos