La sociedad vive inmersa en la mentira absoluta.

-Derrida-

Las parejas como intercambios comerciales

balanza con dinero y amor
Seamos sinceros. Detrás de la palabra amor se han ocultado y se siguen ocultando muchas de las mayores mentiras en las que vivimos. Vincular algo al amor erótico es uno de los recursos más manidos de toda la historia para autojustificarse. En cuanto alguien ha revestido con esta palabra alguno de sus actos parece que éstos se hagan intocables. Rara es la vez en la que alguna persona se atreve a criticar a otra que afirma amar a una tercera.
Ortega y Gasset, en sus “Estudios sobre el amor” dice claramente que la mayor parte de las personas pasan por la vida sin saber cuál es el verdadero significado del amar erótico. Esto es así por un motivo simple. El amor es un sentimiento estético y, de la misma forma que la mayoría de nosotros jamás alcanzamos a tener uno, igualmente esta mayoría carece de la capacidad de amar. Encima el problema se agrava ya que, como pasión estética (esto lo añado yo), tiende a la inestabilidad y, sobre todo, es efímera.
Sería un gran dilema denominar a los emparejamientos una vez que ya sabemos que realmente no hay amor en ellos. Entonces fácilmente la estupidez es nuestro primer remedio. Por motivos obvios el que no ha amado no sabe lo que es amar y, casi inevitablemente, adjudicará esta calificación a los primero que tenga algún cierto grado de aparente similitud con lo que se supone que es el acto de amar. Así, encapricharse con alguien, sentir cariño o sentir atracción sexual, suele quedar rápidamente denominado como amor. Pero, si los que aman en realidad no aman, cabría pensar qué es lo que hay detrás de la mayoría de las personas que, afirmando amar a su pareja, en realidad no lo hacen.
Empecemos fijándonos en un detalle logístico. En las sociedades occidentales la mayor parte de la gente únicamente puede establecer vínculos con un reducido número de personas. Los compañeros de trabajo, unas pocas amistades, algunos conocidos a los que se saluda y poco más. Bien es cierto que internet también ha hecho que este tradicional círculo cerrado pueda romperse pero, en lo sustancial, la situación no cambia demasiado para la persona promedio. Así pues, por fuerza, el emparejamiento tendrá que ser con alguien de este reducido grupo. Además, si descartamos tendencias minoritarias como la bisexualidad, tendremos que, del reducido grupo mencionado, nos quedará aproximadamente la mitad de las personas. Este grupo resultante, en su promedio, suele ser inferior a un par de docenas. Es por esto que no es extraño ver que, a menudo, los emparejamientos definitivos, suelen ser con compañeros de trabajo, amistades que dejan de serlo para ser “algo más”, etc… Naturalmente hay muchos casos en los que no sucede así, pero es que casi todos somos partícipes de esta estadística y, con tal cantidad de gente, por necesidad tiene que haber muchos otros casos que no se encuentren en esta condición. Lo principal es que la regla no declarada por nadie dice que cada uno suele emparejarse definitivamente con el mejor “partido” que su nivel socio-económico le permite. Yo mismo he escuchado a más de una persona decir casi literalmente esto Nótese que esto es algo que nada tiene que ver con el amor y, sin embargo, suele ser descrito en estos términos.
Alberto Noguera terminó comprendiendo, después de pasar seis meses en meetic (la página web para buscar pareja), que no es que las mujeres que estaban allí no tuviesen ninguna oportunidad de encontrar su “media naranja”. Lo que muchas de ellas realmente querían es aprovechar sus oportunidades para encontrar el mejor “partido” posible y así rentabilizar lo que ellas podían ofrecer. Tal es el caso, por ejemplo, de la mujer 12. Pese a disponer de una vida cómoda, estaba dispuesta a mejorarla cambiando su coche por un BMW y su piso por uno mejor de 200.000 euros. Todo gracias al “mejor partido” que pensaba que podía permitirse vista su situación económica y, seguramente, lo que consideraba que era su atractivo como mujer.
Pero sin llegar a estos extremos no es difícil ver cómo el estatus socio-económico resulta muchas veces definitivo para comprender cómo alguien decide pasar sus días con otra persona. Naturalmente aparecen más factores. Por citar un par de ellos podría decirse que las mujeres suelen decantarse por un hombre que satisfaga sus necesidades económicas y los hombres por una mujer que satisfaga sus necesidades visuales y anhelos sexuales. Si lo contemplamos con una especie de determinismo estoico veremos que, resolviendo la ecuación que lleva factores como los anteriores, no es demasiado complicado predecir que fulanito acabará con fulanita y menganita con menganito. Vamos, que si tienes un trabajo del montón y no tienes un destacado atractivo físico o alguna otra cualidad similar, no esperes que alguien rico y atractivo se fije en ti. Las probabilidades son más que escasas.
Así pues, y visto lo anterior, comprendemos que las relaciones de pareja son casi siempre transacciones económicas. Una persona puede ofrecer (ofrecerse, para ser exactos) tanto en el mercado y, en consecuencia puede aspirar a “tanto”. Los márgenes siempre oscilan en torno a esta relación. Pero esta verdad resulta desagradable e inadmisible para nosotros. No podemos decirnos: “soy un clase media y acabaré con alguien de clase media”, o “soy de clase alta y no quiero acabar con alguien de clase baja”. Entonces la palabra “amor” acude a nuestro rescate y decimos, sobre todo nos decimos, que amamos a la persona con la que convivimos y en ningún momento achacamos este vínculo a ninguna clase de intercambio comercial.

10 comentarios:

Dizdira Zalakain dijo...

Aunque me parece imposible no estar de acuerdo con tu argumentación, siento curiosidad por saber cuál es para ti el "verdadero significado del amor erótico." En el texto explicas a qué no se lo puede denominar así (encaprichamiento, cariño, atracción sexual, interés socio-económico...) pero no me queda claro si es que al final el amor se reduce siempre a alguna de estas formas espurias o a una combinación de ellas o si es que en verdad hay algo distinto a todo esto.

Saludos.

Misántropo dijo...

Aunque no sea fácil describirlo en pocas líneas, creo que, fundamentalmente, es el deseo de fusión en exclusiva con una persona porque en ésta se encuentra la identidad del que la busca. El personaje de Catherine en la novela "Cumbres Borrascosas" ilustra esto cuando, en un momento de lucidez, dice: "Yo soy Heathcliff". Al referirse a la persona a la que ama afirma que su ser se encuentra en el objeto amado. También se podría añadir que el amor erótico va acompañado de una emoción estética que es distinta a la de las otras clases de amor (paternal, fraternal, etc....). Además el amor erótico también se puede describir parcialmente por sus efectos. Por ejemplo, desear a toda costa el bien de una persona en un concreto. Algo que lo diferencia del deseo sexual (si no va asociado a algo más persigue el propio provecho), el cariño (que no pone al objeto amado por encima de todas las cosas), etc...

A mi modo de ver el amor es algo completamente distinto del encaprichamiento, del cariño, o del sexo (aunque el amor necesita de la sexualidad de la misma forma que un tren no puede moverse sin una locomotora). Eso sí, frecuentemente se confunde o se mezcla con esta última clase de cosas.

Saludos

emejota dijo...

Uff, no se si soy demasiado mayor o por esa misma razón demasiado menor a estas altura. A lo largo de mi extensa vida he amado plenamente, aunque no eternamente, me han amado de la misma manera y a estas alturas me parece que me he vuelto a enamorar, tiernamente.
Resumiendo el amor viene a ser lo mejor de nosotros mismos que colgamos sobre la percha de otra persona que por un tiempo, el que sea, nos parece la apropiada, la perfecta, la correspondiente.
Luego llega el factor tiempo y el factor costumbre y otros tantos, pero eso ya son aditamentos y circunstancias. Beso.

Melpomene dijo...

Desde luego es muy acertado, pero creo que hay que puntualizar que hay otros factores "comerciales": por ejemplo el grado de cultura que pueda tener una persona es también significativo; es decir, si yo tengo un nivel cultural bastante alto, por lo general, rehusaré de emparejarme con alguien que no haya tenido la posibilidad de adquirir un nivel cultural como el mío, puesto que me inclinaré a pensar (con o sin razón) que aquella persona "no me aporta nada". Esto para puntualizar que no todos los "intercambios" que se esperan al elegir pareja son de índole económica.

Misántropo dijo...

Es cierto. Eso sería una especie de "intercambio comercial" mediante sustitutivos. Por ejemplo, si para una mujer suele ser más atractivo un hombre con dinero o con un buen trabajo lo que lo sustituiría sería el "intelecto". Éste sería el "dinero" de este hombre. También podría ser, por citar otro caso, la capacidad artística. De cualquier modo la persona sube en los puestos del ranking que, después de todo, es a lo que me referiría con lo de intercambio comercial. Lo que difiere es el tipo de "moneda de cambio".

Es frecuente que las mujeres heterosexuales prefieran a un varón con mayor capacidad intelectual (si es que, de alguna manera, se puede cuantificar tan fácilmente). En algunos sectores llega a ser algo definitivo. Por ejemplo, es bastante complicado que una mujer que se dedique a la filosofía se empareje con alguien de menor nivel intelectual que ella. Al menos así suele ser en los casos de las personas más conocidas de este sector.

dustpetardo dijo...

Pues si, desafortunadamente un 99% de las relaciones son en base a la apariencia, dinero, apariencia, dinero.... como si eso fuera felicidad, o tal vez sera que para mi no lo es, se me hace algo tan vanal, pero que se ha repetido tanto, se ha hecho algo asi como "cultura", ESO tan asqueroso se ha convertido en amor.
Ya cada quien es libre de creer lo que quiera, de cualquier forma cada quien es feliz o cree ser feliz con lo que tiene.

Anónimo dijo...

Son tantas las hipocresías y vanidades del ser humano, que lo que has escrito me plantea si la felicidad real existe o es una recopilación de resignaciones que maquillamos ante los demás. Espero que esta teoría no sea cierta.

Papageno dijo...

Es cierto lo que afirmas sobre el amor erótico, aunque el término "erótico" despiste completamente según el significado que normalmente se le asigna.

Hay dos factores claves en ese Verdadero Amor: el deseo de fusión (que se alcanza sólo en momentos de auténtico éxtasis -y esto no es cuento místico, sino algo real, aunque raro-) y el deseo del bien del Otro, incluso por encima del tuyo propio. Esta es la pueba de fuego para saber si amas a alguien con verdadero Amor: deseas ser Uno con él o ella (lo cual en la vida cotidiana se traduce en deseo de estar con el otro, de disfrutar de su presencia, de compartir la Vida y el tiempo en unión corporal y espiritual) y deseas que esa persona sea feliz, porque esa felicidad suya te hace feliz a ti, implicando a veces, por desgracia, la separación, que es aceptada en aras al verdadero amor que siento hacia el otro al querer que sea feliz cómo, cuándo y con quién sea incluso a expensas de tu disfrute personal de él o ella.

Seguramente todo esto suena muy idealista. Pero aunque raro en nuestro mundo, ha existido, existe y (esperemos) seguirá existiendo. Bien decía Ortega cuando afirmaba que la inmensa mayoría no sabe nada de esto. Y razón tienes tú al afirmar que se le aplica el término amor a muchas cosas que están a bastante distancia de lo que he intentado describir.

Por último, puntualizar que el deseo del bien ajeno incluso por encima del tuyo no es exclusivo del amor erótico. Eso lo comparte con el verdadero Amor Maternal y Paternal (que también existen en versiones menos verdaderas). Nunca me olvidaré de una frase de mi padre que nos hacía gracia pero que creo que encerraba una gran y conmovedora Verdad amorosa. Cuando comíamos algo y ya sólo quedaba una pieza de lo que fuera decía siempre: "Eso cómetelo tú, hijo, que a mí me alimenta más que tú te lo comas"

Anónimo dijo...

Eres muy muy ingenuo, tu "agudeza" en "desvelar" la realidá va lenta como caracol.

Anónimo dijo...

En cierto modo lo que mucha gente llama amor, tal vez no lo sea. Muchas personas tiene relaciones por necesidad, por no estar solos, por conformismo. Aunque internamente lo sepan, exteriormente lo expresan de otra manera. No sé si es difícil encontrar el amor, creo que muchos se arreglan con lo que tienen más cerca. Antiguamente la gente no se casaba por amor, sino por motivos meramente económicos y de conveniencia social. Ahora la cosa es más libre, pero seguimos sujetos a las costumbres sociales. Es evidente que vivimos en una sociedad capitalista y la economía se mezclaq en todos los asuntos de nuestra vida.