La sociedad vive inmersa en la mentira absoluta.

-Derrida-

Premios Príncipe de Asturias y Planeta; Cuando los premios son para los que los conceden.

Nunca he sido muy devoto del sistema de premios, pero debo de admitir que también tienen su parte positiva ya que, al menos en algunas ocasiones, sirven para reconocer la obra de personas que no merecen pasar por la vida sin que se les haya hecho un mínimo de caso.
Aparte de lo criticable de la existencia de los premios el colmo del absurdo se consigue cuando el que los promueve (sea persona u organismo) está interesado en ser él mismo su principal beneficiario de una forma encubierta. Principalmente se busca prestigio, hasta el punto de dejar en un papel secundario y a veces hasta anecdótico, al premiado. Citaré un par de ejemplos de reconocidos premios que se otorgan en España para ilustrar lo mencionado.
Los "premios Príncipe de Asturias" tienen en realidad como función principal la de prestigiar veladamente al Príncipe de Asturias (al actual y seguramente a los venideros). No olvidemos que la monarquía, aunque no esté sujeta a votación democrática, sí que necesita del apoyo y la consideración popular para mantener su posición. Si por el motivo que fuese llegase a haber una oposición popular contra ella esto terminaría llevando al gobierno de turno (o a algo peor) a derogar la existencia del estado monárquico.
Una vez comprendido esto, y puestas las cartas sobre la mesa, podemos entender que la monarquía también termina siendo otro elemento en el poder que, como prácticamente todos los que lo ostentan, busca mantener su estatus. Al necesitar mantener un nivel de popularidad alto existe un fácil camino para conseguirlo, y es estableciendo unos premios que los representen, especialmente al miembro de la familia real que está destinado a ostentar el mayor poder y, en cambio, es por el momento es el de menor prestigio (fundamentalmente porque no ha tenido tiempo de darse al conocer a las masas).
No olvidemos que al dar un premio el que lo concede comparte la "aureola" del premiado, y esto ya es un efecto ya descrito en la psicología. Se basa en que cuando hay algo que destaca positivamente en la atención de la gente, esta impresión tiende a irradiarse a otras facetas o a lo que está a su alrededor. Por ejemplo, una cantante que cante muy bien puede parecer guapa (aunque no se la considerase así en otras circunstancias) porque quedamos “deslumbrados” con el efecto de la voz y nos cuesta entonces asociarla con algo feo. Otro motivo que sustenta el aumento del prestigio del que otorga los premios es que el premiado "implícitamente" apoya la existencia de dichos premios y, por lo tanto, asume la existencia de una autoridad mayor que le reconoce su trabajo.
Tampoco se puede olvidar la mediocridad y la cobardía de unos galardones que primero preguntan a los premiados si van a asistir a recoger el premio para no concedérselo en caso de que no vayan personalmente a recogerlo. Es obvio que si no hay “foto” el premio se devalúa y fracasa el verdadero fin para el que está hecho. En este primer aspecto se ve la cobardía, la mediocridad o falta de miras se ve en el esquema de hacer un fifty-fifty. Es decir, buscando premiar a partes proporcionales a los conocidos de turno del ámbito español y a otras personalidades relevantes del resto del mundo (quizás en España se dan tal cantidad de talentos que sea necesario mantener una proporción de ese estilo).
Cuando unas distinciones están tan podridas como estas no podemos menos que reírnos cuando vemos a David Attenborough conseguir el premio a las ciencias sociales. Una explicación a tan sorprendentes resultados la podemos encontrar en los miembros del jurado, que también son de chiste. Para esta “acertada” nominación de Attenborough encontramos entre los jueces a un destacado "humanista" como Manuel Fraga Iribarne, pero el resto de las secciones no andan mejor. Si indagamos un poco en la de deportes encontraremos a varios de los “periodistas deportivos” que se encargan diariamente del cotorreo de este sector, uno de ellos es José Javier Santos. ¡Cómo se podría pensar en mayores entendidos que estos!
Y si los premios Príncipe de Asturias utilizan fórmulas como estas para prestigiarse a sí mismos también podemos encontrar fórmulas parecidas en los premios Planeta para conseguir idéntico fin, prestigiarse a sí mismo.
Planeta es una editorial de amplia difusión. Es decir, un negocio que, como la inmensa mayoría de ellos, tiene como principal máxima conseguir los máximos beneficios. Para ello Planeta ha aprendido que se vende mucho más un libro cuando viene con el aval de un premio prestigioso. ¿Cuál es la resolución que ha tomado Planeta para acomodarse a este esquema? Pues se ha hecho un premio a su medida. La primera opción que han tomado para ensalzar el premio es dotarlo de una alta remuneración económica (601.000 €) hasta llevarlo a ser el mejor pagado del mundo después del premio Nobel. Otro esquema repetido para aumentar la fama del premio es otorgar como vencedor o finalista a gente que se supone que ha escrito algo (aunque sea una obra de nulo talento) y que es muy popular en los medios de comunicación. Ahora mismo me viene el caso de Boris Izaguirre, pero no es el único. En este caso ha “coincidido” que recibió el segundo premio después de haber alcanzado mucha popularidad gracias a su aparición en programas sensacionalistas de televisión.
Por supuesto dentro de este esquema básico de Planeta hay modificaciones o permutaciones que permiten conciliar la opinión pública con el máximo número de ventas y el disimulo. La táctica consiste en alternar como vencedores o finalistas a los que son simplemente famosos y a los que ya tienen una reputación dentro del ámbito literario. Por ejemplo, se puede premiar a la persona popular de turno con el segundo premio, dejando para el primer puesto a alguien de (esta vez sí) indudable prestigio literario.
El año 1994 interesó que ganase un reconocido escritor, el ya entonces premio Nobel Camilo José Cela. Para más inri la novela presentada por Cela en esa edición ("La cruz de San Andrés") fue denunciada por Carmen Formoso por haber plagiado su obra “Carmen, Carmela, Carmiña” (ya registrada con anterioridad y también presentada a esa edición de los premios Planeta). Solamente puedo decir "denunciada" porque no ha habido tribunal español que tuviese el valor de pronunciar una sentencia condenatoria contra un premio Nobel español, que había sido públicamente respaldado por la monarquía española, pese a lo increíble de las coincidencias entre la novela de Cela y la de Formoso. Y subrayo la "españolidad" porque estoy convencido de que, ante la evidencia de los hechos, bajo la jurisdicción de otro país que no estuviese directamente interesado en el asunto no habría existido la misma sentencia. También es público que otros reconocidos escritores como Miguel Delibes o Ernesto Sábato declinaron concursar después de que, al parecer, les asegurasen que ganarían el premio sólo con presentarse. No ha sido el caso de Lucía Etxebarría, que aceptó (con evidente vergüenza propia) recoger un premio que había suscitado tantas “sospechas” durante los años anteriores.
Para finalizar y como anécdota (no por ello menos significativa) hay que mencionar que la monarquía española ha asistido a varias entregas de los premios Planeta.

P.D.: Me gustaría dejar claro que, pese a las opiniones anteriores, no tengo ningún especial interés en ir en contra o a favor de la monarquía. Teniendo en cuenta el funcionamiento actual de los países como “sociedades vigilantes” se podría hasta ver como positiva la presencia de alguien (en este caso la monarquía) con algún tipo de autoridad sobre el presidente del gobierno de turno para recordarle que no debe de sentirse completamente omnipotente.

5 comentarios:

Habitaciones rojas, pensamientos negros dijo...

Detrás de todos los premios hay alguna cocina... haya o no monarquía. Pero los premios Príncipe de Asturias siempre me sorprenden.

Un abrazo rojos,
HR.

Dizdira Zalakain dijo...

Qué buen análisis. Yo desconocía que los galardonados con el premio Príncipe de Asturias debían confirmar su asistencia. ¡Qué fuerte...!
Con respecto al Planeta, hace años que Juan Marsé renunció a pertenecer al jurado debido a la escasa calidad literaria de las obras candidatas e, imagino, al trapicheo que atisbó por ahí.
Y eso que Juan Marse no es santo de mi devoción ni ética ni literariamente hablando, pero esto le honra.

bLuEsMaN dijo...

Lo de preguntar antes a los premiados me parece que viene desde que Lance Armstrong no vino a buscarlo. Mandó un vídeo que pusieron por la televisión en el que agradecía el premio y mostraba su respeto por la familia real,pero se disculpaba por no poder asistir alegando simplente que estaba de vacaciones y necesitaba ese tiempo de descanso.

Supongo que la excusa (y el marrón de la foto) no debió de sentar muy bien a los reponsables de los premios y se hizo público que desde entonces para otorgarlos preguntarían antes a los premiados si asistirían a recoger el galardón.

No sé por qué se sorprendieron tanto. Si a Rafael Nadal (que creo que ha sido premiado este año) le diesen un premio que entregase el jefe del estado de Burundi y que se llamase "Premio Burundi del Deporte" (por imaginar algo), supongo que idénticamente no tendría demasiado interés en ir a recogerlo. Es algo similar, y para cuanto más con la tendencia que tienen los norteamericanos a pensar que son el centro del universo.

Saludos para ambas.

Lector Iracundo dijo...

El Premio Planeta es una farsa, pero es que el Premio Nadal, y casi todos los premios "que salen por la tele" (y más) lo son también, y acaban premiando lo peor de lo peor:

Autopista al infierno, crítica acompasada de Esperadme en el cielo, de Maruja Torres (Premio Nadal 2009, Ediciones Destino).

bLuEs dijo...

He visto tus artículos y están muy interesantes. Además me ha gustado que hayamos coincidido en bsatantes afirmaciones. Creo que le da más credibilidad a lo que ambos decimos.

Lo que no sabía es que les diesen regalos a los periodistas. Lorenzo Serra Ferrer, el entrenador de fútbol, también hizo este "truco barato" para intentar calmar a la opinión pública (su cuello dependía de ello). Parece que si los periodistas están contentos habrá mejores críticas. Lo gracioso es que sea tan barato comprarlos. ¡Un despertador!.

De lo que no estaba al tanto era del Nadal, pero ya se ve que hay un buen número de coincidencias que delatan bastantes cosas.

En fin, imagino que los premios son un lugar común para que anide la corrupción.

Saludos